El tiempo nunca es perfecto

Era una noche negra, vacía de nubes, pocas estrellas y había algo de niebla a mi alrededor, lo cual contrastaba mucho con el cielo. Siempre me había sorprendido que esta ciudad a pesar del clima siempre parecía haber niebla, o tal vez era mi mente y yo que no queríamos enamorarnos de aquel lugar tan lejos de casa. Noches como hoy donde el cielo se veía tan claro me hacía extrañar mi casa más que nunca. Una noche como hoy en mi hogar implicaría visualizar millones de estrellas y tal vez con mucha suerte una que otra estrella fugaz. El frío que se sentía era más bien fresco, en comparación con otras noches, apenas y podía sentirlo, haciendo que esta noche fuera aún más perfecta. Estaba solo acompañada por la luz del cigarrillo en mi mano, alrededor mío solo había tinieblas. A pesar de la oscuridad me sentía segura y tranquila, hoy era un buen día para mí.

Ya casi estaba acabando mi cigarrillo cuando vi una sombra que se acercaba al lugar donde me encontraba. De inmediato saltaron mil alarmas dentro de mí y mi corazón empezó a latir más fuerte.  La sombra seguía acercándose, no podía distinguir su cara, solo podía ver su altura y su reflejo en la luz de la calle, sin embargo, tenía algo conocido y familiar.

-Tu eres la chica del café – dijo el con su voz profunda y seductora, con un tinte de gracia en su tono.

Mi corazón no dejaba de latir fuerte al recordar de donde lo conocía. Ahora no era miedo lo que hacía latir mi corazón de esa manera sino el recuerdo de aquella tarde en el café donde aquel desconocido hizo que mi mundo se viniera abajo.

– Y tú eres el chico de los ojos misteriosos- dije yo algo nerviosa y sin pensarlo mucho, arrepintiéndome de inmediato.

– ¿Ojos misteriosos? Creo que nunca nadie me había dicho eso antes-  había gracia en su tono. Soltó una risa muy tierna y contagiosa, haciendo que sonriera con él.

-Deberías reírte más a menudo, te sienta bien- dije yo con algo de picardía.

– Hoy estas diferente- me dijo el volviendo a su sonrisa de medio lado.

-Bueno, es una bonita noche y sí, me siento diferente- dije yo, no sin antes acercarme un poco más a la luz de la calle.

Hoy se veía totalmente diferente a como lo recordaba. Su altura era más visible en contraste con la mía, incluso con mis tacones. Sus ojos seguían siendo los mismos que buscaban verdad a donde veía, su cara estaba sonrojada y su sonrisa de medio lado seguía sin dejar su cara. Tenía puesta una camisa roja muy pegada al cuerpo con una chaqueta de cuero negra y unos pantalones medio ajustados también oscuros.

Me acerque un poco más a él para poder sentir su presencia.  El me miraba directo a los ojos y parecía un tanto sorprendido por mi comportamiento. Yo me sentía increíble esa noche, capaz de realizar cualquier cosa y creo que el podía notarlo.

Ahora de él brotaba inseguridad y sensibilidad. Paso demasiado tiempo antes de que alguno de los dos decidiera decir algo. Me imagino la escena en ojos de otros, dos personas bajo una tenue luz, mirándose a los ojos fijamente sin decir nada. No me sentía incómoda como normalmente me sentiría en una situación parecida, mi mente estaba llena de curiosidad y tenía un millón de preguntas por hacerle. En especial como era posible que una noche como aquella nos hubiéramos encontrado de nuevo.

-No te he vuelto a ver en la cafetería- dijo el cortando el contacto de nuestros ojos.

-No he podido volver, ha sido una semana bastante ocupada- dije yo mirando alrededor.

En la puerta de aquella casa había una mujer hablando con otro hombre y sus ojos me miraban fijamente. Era pelirroja y muy esbelta. Se veía mucho más alta que yo y su expresión era indescifrable. Cuando la mire fijamente para saber la razón de su mirada, la chica me sonrió como si nos conociéramos de toda la vida.

El siguió mi mirada hacia la chica misteriosa y sus ojos se llenaron de mucho amor. Fue un solo segundo y luego volvió sus ojos a los míos. Ese solo segundo basto para darme cuenta que aquella desconocida no era tan anónima como creía. De inmediato mis alarmas se prendieron nuevamente, sintiendo un poco de celos y curiosidad por saber quién era ella para él. Sin embargo, era una noche diferente, estaba de muy buen humor y no iba dejar que aquello me desanimara.

-¿Bailamos?- él dijo sacándome de mis cuestionamientos y extendiendo una mano hacia mí, con su mirada y sonrisa divertidas.

Durante un momento me quede mirándolo con una ceja levantada y con una expresión de sorpresa. El había leído exactamente lo que quería en ese momento y siempre parecía saber lo que necesitaba. Nunca pensé que me iba a pedir que bailara con él, no se parecía el tipo de hombre que disfrutara de un buen baile. Pero al fin y al cabo que podría saber yo si apenas lo conocía.

Así que, sin apartar mis ojos de los suyos, tome su mano entre las mías. De inmediato sentí con una sensación de tranquilidad me invadía y una electricidad que empezó a llenar todo mi cuerpo. El pareció sentir lo mismo porque su mirada era de sorpresa.

Solté sus manos y me dirigí hacia la puerta donde aquella chica se encontraba todavía. Nuestros ojos se encontraron y esta vez la sonrisa no fue mutua. Yo seguí adelante sin importarme esa expresión, no sin antes mirar atrás para ver si el me seguía. Él se encontraba justo detrás mío y también miraba a aquella chica.

Llegamos a la pista de baile improvisada, empecé a apartar la gente que ya se encontraba allí para dirigirme al centro de la pista, dejándolo un poco atrás en el camino y sin quitarle mis ojos de encima, empecé a bailar al ritmo de aquella música. Mi cuerpo se movía de un lado a otro, sin importarme mucho si estaba siguiendo el ritmo o no, solo quería olvidarme de todo, incluso de él un poco y estar presente allí en ese mismo momento. El me miraba serio, detallando mi cuerpo muy sutilmente, mientras llegaba más cerca de mí.

Yo seguía moviéndome, sonreía y dejaba que la música fluyera por mi cuerpo. Mi cuerpo parecía agradecer aquellos movimientos porque mientras los hacia estaba dejando toda la tensión que últimamente envolvía mi vida. Olvidando todo menos aquel hombre que estaba frente a mi acercándose muy despacio.

Llego hasta donde yo estaba y se acercó a mi muy lentamente. Dejo su chaqueta al lado, descubriendo sus músculos y mientras intentaba seguir mi ritmo puso sus manos sobre mis antebrazos queriendo guiarme con su cuerpo al ritmo que el llevaba.

Se sintió posesivo y algo rudo, pero luego me di cuenta que su verdadera intención era dejarse llevar por el ritmo que yo estaba imponiendo. Después de un momento nuestros pasos se acoplaron de tal manera que parecía un baile ensayado mil veces antes. Los dos nos complementábamos tan bien que eso nos hacia sonreír. Él se dejó llevar por la sensación igual que yo lo estaba haciendo y ahora aquella sonrisa de medio lado era una sonrisa completa. Pareciera que en la habitación no hubiese nadie más que nosotros dos, encerrados en nuestra burbuja de relajación y felicidad.  Llego el momento cúspide la canción y saltamos como niños pequeños y nos reímos al mismo tiempo que la energía salía de nuestros cuerpos.

Hacía mucho calor y el aire se tornó un tanto denso. Trate de bajarle el ritmo a mi baile para poder calmarme un poco, el hizo lo mismo mientras se acercaba a mi oído.

-Bailas muy bien- dijo el con un tono de burla.

– Eso no te lo cree nadie- dije yo riéndome.

– Me encanta como al bailar haces parecer que el resto del mundo no existe.

-Excepto tu- dije, muy bajo, esperando que no hubiera escuchado esto último.

– Excepto los dos- dijo el mirándome de reojo y agregando: ¿Crees en las almas gemelas?

Yo solté una carcajada larga y muy divertida mientras lo miraba nuevamente.

-¿Me estás hablando en serio?

– Muy en serio, aunque por tu expresión, crees que es absurdo

-No tanto como absurdo, solo algo infantil.

– ¿Cómo explicas entonces la conexión entre dos personas solo al mirarse? ¿Cómo explicas la sensación de que alguien totalmente desconocido, te entiende más que ninguna persona que conozcas? o ¿el encuentro tan improbable de dos personas que normalmente no frecuentarían lugares como este?

Estas preguntas me dejaron sin palabras y me devolvieron al pasado. Un montón de pensamientos vinieron a mi mente, alguien que yo había querido mucho diciéndome algo muy parecido, para luego romper mi corazón en mil pedazos.

-¿Así es como conquistas a las chicas? Es algo muy original- dije yo riéndome, tratando de alivianar el sentimiento que estaba creciendo en mí.

Él se empezó a reír conmigo y de repente puso su mano sobre mi mejilla, dejándome paralizada por ese ligero contacto. Se acercó muy lentamente, bajando su cabeza, mientras se inclinaba hacia mí. Yo no podía dejar de mirar a esos ojos misteriosos y llenos de verdad, pero justo antes de llegar a mis labios, su cabeza dio un pequeño giro y me dijo al oído.

-Yo sé que tú también lo sientes. Adiós chica del café- dijo el alejándose rápidamente de mí, dejándome paralizada en el mismo lugar durante mucho tiempo.

Lo seguí con la mirada mientras cruzaba la pista del baile y se dirigía a la puerta en donde pude ver como salía de la casa de la mano de la chica pelirroja que nos estuvo mirando fijamente toda la noche.

 

 

**Si quieren leer la primera parte del relato aquí: Una mirada en el café

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