Una mirada en el café

Me encuentro en un pequeño café cerca a mi casa, que suele ser mi refugio en momentos donde ni yo misma quiero estar conmigo. La rutina es la misma siempre, llego al café, ocupo la mesa habitual frente a la ventana, abro mi bloc de notas y empiezo a anotar todo lo que mi mente tiene dentro. Como un torrente de palabras sin sentido, queriendo salir a la luz y así entender que es lo que realmente siento. Puedo ver desde mi pequeña mesa de madera, cubierta de hojas con tachones y marcas (muy parecido a la manera cómo funciona mi mente) puedo ver cómo la gente pasa, con sus abrigos cerrados hasta arriba, con sus expresiones serias, cada uno en su propio mundo, sin apenas interactuar con las personas de su alrededor.

Algunos con audífonos en sus oídos tal vez con música nostálgica, otros hablando con algún ser invisible, gesticulando de manera exagerada, pero ninguno presente en ese mismo momento. Ninguno observando a su alrededor y lo bello del mundo, más que para evitar tropezar con alguna persona o pasar la calle sin sufrir algún accidente.

Cada uno dentro de sus propios pensamientos y mundos, a veces olvidando que existe un aquí y ahora que merece atención y cuidado. Continúo observando, tratando de hacerme una idea con tan solo una mirada como será la vida de cada persona que pasa frente a mí. ¿Serán felices? ¿Tendrán a alguien que los espere al llegar a casa? ¿Se sentirán conformes con sus trabajos y sus vidas? ¿Se sentirán como yo en este momento, con mucha gente a mi alrededor, pero con una soledad y un vacío dentro de mí que por más que quiera esconderlo o taparlo no se llena ni se cubre con nada?

De repente, siento como la mirada de alguien se posa sobre mí. Siento la mirada de alguien clavada en la parte posterior de mi cuello, me devuelvo a ver de quien se trata y me encuentro con la pared blanca detrás de mí. Es un sentimiento extraño, pero sé que alguien me está detallando y observando justo como yo lo hacía hace algún momento con la gente que pasaba frente a mí.

Empiezo a observar mi alrededor con todo el disimulo que puedo, cuando de repente encuentro un par de ojos negros que me observan desde la caja registradora del café en el que me encuentro. Con toda la valentía que tengo en mí, me quedo mirándolo mucho más tiempo del que me siento cómoda normalmente, y aquel desconocido no desvía su mirada. Es más, continúa viéndome, esta vez con una sonrisa de medio lado y con esos ojos que muestran millones de interrogantes que exigen una respuesta.

No sé cómo se verá mi expresión, pero supongo que debe ser de extrañeza. No es normal que alguien te vea de esa manera y mucho menos un desconocido. Siento que no puedo más, así que rompo el contacto visual sintiendo como toda la sangre se va a mi cabeza y ruego en mi mente que no se dé cuenta de mi vergüenza y timidez en ese momento.

Trato de concentrarme de nuevo en la ventana a mi lado y seguir mi rutina de observar a la gente que pasa, pero no puedo. Por el rabillo del ojo sé que esta persona sigue mirándome y solo desvía su mirada cuando un cliente entra por la puerta o se levantan a pagar la cuenta.

Su mirada me pone nerviosa y me hace sentir intranquila. Tambien siento algo de rabia por perturbar mi tranquilidad y mi lugar preferido.  Este espacio que se ha vuelto tan sagrado en mí. Con toda la valentía de la que soy capaz, me levanto directamente hacia él, buscando una excusa para entablar una conversación y saber el porqué de su mirada analizándome.

Me levanto de la mesa y voy directamente a la caja registradora. Era un hombre muy alto, musculoso y con sus ojos negros muy expresivos. Siempre parece que se estuviera riendo, porque su sonrisa de medio lado no se va en ningún momento. Sus ojos son los que más me inquietan.  Parecen como si pudieran ver dentro de ti y te forzara a contar tus más oscuros secretos y sentimientos. Ser el objeto de esa mirada me hace sentir muy intranquila, cosa que hace mucho tiempo no me pasaba con nadie.

-Hola, ¿me puedes dar un latte de vainilla, por favor? – digo yo, con toda la calma que puedo, tratando de mostrar tranquilidad y evitando esos ojos inquietantes.

-Por supuesto- me dice él y se dirige a preparar el pedido no sin antes darme una última mirada.

Mientras espero mi latte puedo detallarlo con más calma. Su uniforme está un poco arrugado, y su cabello desordenado le da un aspecto de descuido que resulta para mi algo encantador.

-Aquí tienes- dice el, todavía con su sonrisa de medio lado.

Bajo la mirada para buscar el dinero en mi cartera y me doy cuenta que el dinero está en mi maleta sobre la mesa en la que estaba sentada. Cuando subo la mirada para decirle que debo ir por el dinero, él me estaba mirando muy serio, un poco inclinado sobre la caja, su sonrisa ya no estaba y su expresión era indescriptible. De repente abre la boca para decir algo y la vuelve a cerrar con un suspiro. Su expresión me tiene congelada en el mismo sitio y esos ojos me dejan clavada allí por un tiempo. Finalmente, un destello de decisión pasa por sus ojos, baja la mirada y vuelve a hablar.

-¿Estás bien? – me dice muy seriamente, con esos ojos fijamente en los míos, en los que podría perderme por siempre.

Esa pregunta me toma por sorpresa. Siento como dentro de mi algo despierta, me quedo callada no sé por cuanto tiempo, pero algo en su expresión me exigía que fuera sincera. ¿Qué era lo que este desconocido quería de mí? ¿Y porque me preocupaba tanto poder darle una respuesta verdadera?

Una pregunta que es tan frecuentemente utilizada y que alberga las mayores mentiras del mundo. No hay nada que me encante más que sentir que alguien se preocupa por el bienestar de otra persona. Cuando se es sincero y noble el solo poder de estas dos palabras puede llevar a que las barreras reforzadas de mi corazón caigan y se rindan frente a la mirada de aquel desconocido frente a mí.

¿Estás bien? Me dijo el de repente, sin ninguna razón en específico, sin conocerme realmente, en medio de una conversación sin trascendencia, con un propósito que no pude definir y sin embargo haciendo que mi mente se llenara de pensamientos.

¿Estás bien? Y mi corazón y mi mente empezaron a preguntarse si realmente lo estaba. ¿Es posible que esta persona que apenas conozco frente a mi sepa algo más de mí que yo misma desconozco? ¿Se habrá dado cuenta que me estoy muriendo por dentro y necesito ahora más que nunca alguien demuestre el mas mínimo interés?

Solo basto estas dos palabras para derrumbar las barreras de mi corazón y alma, solo basto estas dos palabras tan comunes y dichas tan frecuentemente para que mi corazón se abriera nuevamente como hace rato no lo hacía. Solo bastaron estas dos palabras y su mirada expresiva para que mi cabeza se replanteara todo lo que había en ella y todo lo que conocía.

Solo bastaron estas dos palabras y la vulnerabilidad que vino después para pensar que después de todo el amor era algo que podría volver a dejar entrar en mi vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s