Máscaras y vanidad

Veo mi reflejo en el espejo, mis ojos que cansados intentan cerrarse, mis ojeras oscuras y negras fieles acompañantes de largas noches de insomnio y mi cara llena de pequeñas manchas negras y cicatrices que me recuerdan princesas exóticas de otros mundos lejanos y fantásticos que tanto me gustan en mis libros.

Veo mi reflejo y siento una mezcla de sentimientos que nunca antes pensé sentir. Siento dolor por la belleza que alguna vez tuve, mi mente y corazón intentan sentir amor; amor por lo que fui y por lo que soy ahora.

Luego salgo a la calle y veo como la gente me mira. Veo su rápida mirada detallando primero mis imperfecciones y luego mis ojos, y duele. Me siento objeto primero y luego persona. Me gustaría saber que será lo que piensan al verme y si saben que me doy cuenta de sus miradas. Unos más discretos no comentan el tema y otros con sus amables palabras quieren arreglar mi aspecto como si hubiese algo que arreglar.

Como si la imperfección fuera un pecado y una vergüenza. Como si yo tuviera la culpa por no mostrar una imagen adecuada según los estándares de la sociedad. Lo peor de todo es que dentro de mi cabeza sigue habiendo una lucha entre el amarme tal cual soy y el ser perfecta para otros ojos. A pesar de que quisiera que algo así no me afecte, siento que la vanidad es algo tan inherente en todos nosotros y me doy cuenta como nuestra mente se deja afectar, así no queramos, por todo lo exterior.

Y eso me ha llevado a pensar lo importante que es para todos la vanidad. Vanidad que nos viste y nos motiva. Vanidad que nos cubre la vida. Vanidad que es más importante que lo verdaderamente importante.

La perfección que quiere hacer de nosotros personas impecables y sin defectos. Que quiere que todo lo externo sea bonito a la vista y nos olvidamos de crecer por dentro.  Que imponen la perfección como una meta incansable a seguir.

Perfección y vanidad que nos agobia cuando algo no es como el mundo quiere que lo sea. Que nos lleva a las más profundas angustias y desánimos, y al mismo tiempo nos motiva siempre para ocultar detrás de kilos de maquillaje y ropa de marca la verdad acerca de lo que realmente somos.

Y es ahí cuando de repente llega a mí una idea tomando mi mente como un rehén.  Una idea que persiste incluso después de tantos días, una idea en donde la perfección es la causa principal de las mayores tristezas que existen en el mundo. Escondidos detrás de filtros y redes sociales donde mostramos lo mejor de nosotros y como nuestra vida aparentemente perfecta se va desenvolviendo. Cuando la realidad es otra y nos encontramos vacíos y solos dentro de una sociedad en donde la imagen es más importante que ser buena persona.

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