Una espiral de terror

Bajo la pantalla y la luz brillante del computador frente a mi siento como la vida se va pasando como si se tratara de gotas de lluvia tratando de atraparlas con mis manos limpias y llenas de cicatrices.

Veo como la vida a mi alrededor crece, se llena, evoluciona, se transforma y yo sigo aquí en el mismo lugar que me vio nacer, en el mismo cuarto que me ha visto crecer, dentro de las mismas cuatro paredes que tanto me han visto llorar.

Suelo pensar mucho en aquella joven de antes que estaba llena de sueños, luchaba incansable cada día por ellos, que no se desvanecía por ningún problema, que siempre era muy optimista y cumplía las promesas que se hacía.

¿Dónde quedaron esos sueños y motivaciones que me hacían seguir adelante? ¿Dónde quedo el interés y la alegría de cumplir metas? ¿A dónde se fue el sueño que tanto me desvelaba?

Me gustaría tener la motivación de antes, donde creía que la vida era de color rosa y los problemas solo obstáculos que superar. Donde amaba lo que hacía y daba el 101% por ello. Aquellos tiempos donde el simple hecho de sentirme grande e independiente me daba una felicidad infinita. Donde todavía creía que el amor era para siempre y los príncipes azules todavía existían. Me gustaría volver a aquella época en donde con poco podía ser genuinamente feliz, donde un beso y unas buenas noches bastaban para sonreír durante muchos días y donde un abrazo me confortaba más que cualquier palabra.

Aquella época donde la realidad no me afectaba como ahora, tal vez por incomprensión o por la burbuja que nuestros padres crean por nosotros. Me gustaría volver a ser niña donde la violencia todavía no es comprendida y la esperanza vivía aún.

Y mientras me pregunto que fue y que será de mi vida, a mi alrededor como una serpiente que intenta alcanzar llegan noticias aún más escalofriantes. Que te dejan con el cuerpo frió y paralizada de terror. A pesar de que evito llenarme de malas noticias, hoy tuve que enfrentarme a una realidad cruel y desoladora de un país aparentemente en “paz”, pero que continua en una espiral de violencia que parece imposible salir. Donde todos los días hay asesinatos de líderes sociales olvidados por un gobierno indolente y donde los atentados se vuelven más frecuentes.

Donde mis pacientes vienen a buscar consuelo a mi consulta porque su hijo murió en un atentado y yo no puedo hacer nada para aplacar su dolor. Donde las palabras sobran, donde mi corazón llora y quiero con una pastilla lograr calmar el dolor de una perdida la cual sé por experiencia propia que nunca se ira.

Donde una madre tiene que enterrar un ataúd vacío porque su hijo quedo en pedazos por un ataque terrorista.

Hoy no es un bonito día para vivir en Colombia. Hoy el futuro de mi país es incierto. Hoy no terminare con una reflexión bonita y algo infantil en donde el cambio todavía es posible.

Hoy las palabras sobran, la esperanza escasea y me obligo a sentir el dolor de una madre como si fuera el mío.

Hoy el cielo es negro y el horizonte no se visualiza mucho mejor.

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