El niño de la escalera

Cuando era más pequeña solía ver como mi hermano junto a sus amiguitos jugaban con las canicas brillantes y de diferentes colores. Se veían adorables todos pequeños encorvados tratando de pegarles a las otras canicas. Era una vista muy tranquilizadora para mí y muy divertida a pesar de mi corta edad.

Me podía quedar horas viéndolos como jugaban con sus canicas y yo de porrista oficial de mi hermano animándolo en esos juegos que parecían tan importantes. El sonido de las canicas deslizándose por el piso o golpeando a otras canicas son de esos sonidos que jamás se te olvidan por ser tan característico y además por recordar tan bonitas épocas.

Una noche estaba en mi casa, me encontraba acostada en mi cama viendo una película, ya era bastante tarde podrían ser como la 1 o 2 de la mañana. Acostumbro quedarme hasta tarde viendo películas, series, leyendo o escribiendo, según el ánimo del día. A pesar de todo, las noches son muy productivas para mí. Así que esa noche estaba viendo una película de drama, donde la protagonista lucha para salvar a su amor de toda la vida y por lo tanto el ambiente era un poco deprimente y nostálgico.

Las escaleras de mi casa son de madera, así que es muy normal que en las noches se acomoden ellas solitas haciendo pensar que alguien sube por ellas. Es algo muy común y todos en la familia estamos acostumbrados. Una vez más escuche el sonido normal de las escaleras que se asimilaba a una persona subiendo por ellas, así como todas las noches, pero esta vez el sonido era algo diferente. No se trataba del sonido característico ya tan bien conocido, se escuchaba como un pequeño roce sobre las escaleras, como si alguien subiera por ellas muy despacio y tratara de no hacer ruido. Se sentía además como si fueran unos pequeños pies subiendo por las escaleras, muy despacio, lento y sin prisa, deteniéndose justo al frente del cuarto de mis papas.

Mi puerta de la habitación todas las noches está cerrada, así que no podía ver lo que pasaba afuera. Sin embargo, podía sentir y escuchar todo lo que pasaba en las escaleras debido al silencio de la noche. Siempre que pasa algo así en mi casa es como si la noche fuera más silenciosa que nunca y todos los otros sonidos pasaran a segundo plano.

Traté de no prestarle atención al sonido, y le subí más volumen al televisor. Tal vez para no sentirme sola y tratar de olvidar lo que pasaba justo afuera de la puerta de mi habitación. A pesar de esto, como pude me concentré en la película y poco a poco mi mente empezó a olvidar el incidente. La película se acabó y me dejo con una sensación de nostalgia y tristeza muy propia de las películas de drama. Así que apagué las luces y me dispuse a descansar, pero inmediatamente volvió a mi mente ese sonido extraño que había sentido hace un rato.

Cerré mis ojos, empecé a pensar en los acontecimientos del día y lo que me depararía el día de mañana, todo esto como un mecanismo para olvidar lo que acaba de pasar. Sin embargo, a pesar de mis esfuerzos, pude escuchar otro sonido muy peculiar. Se escuchó como una canica bajaba suavemente por las escaleras de madera de mi casa. Empezó a bajar desde mi cuarto hasta el primer piso de la casa, muy lentamente con el sonido característico propio de cada vez que bajaba un escalón.

Tac… tac…. tac… tac…

Inmediatamente mi mente empezó a buscar explicaciones al suceso, pasando desde que fuera producto de mi imaginación hasta algo tan sencillo como que seguramente algún juguete de mi hermano en una mala posición se había caído de alguna manera hacia las escaleras.

Se dejó de escuchar el sonido cuando seguidamente sonaron unos pasos bajando las escaleras como si estuvieran corriendo por ellas, suave y rápido. Esta vez decidí que no le iba a prestar mucha más atención a esto e iba a tratar de dormir. Afortunadamente el cansancio supero el miedo y pude dormir toda la noche un tanto intranquila.

Todas las noches durante esa semana fui despertada con un sonido similar. Unas noches se trataba de una sola canica, otras noches eran varias las que bajaban por las escaleras y todas las veces se acompañaba de los pasos de alguien muy pequeño corriendo por ellas. No había una explicación lógica para esto e igualmente no era capaz de salir a ver de qué se trataba, así que continúo siendo un misterio durante mucho tiempo.

De un momento a otro dejo de despertarme el ruido y todo volvió a la normalidad.

Una noche estaba en mi habitación leyendo hasta tarde, uno de esos libros que no quieres dejar de leer y no te da tiempo ni para ir al baño. Ya era muy tarde y tenía mucha sed. Para mí esto es un martirio porque implica tener que bajar al primer piso y a esa hora no es algo nada agradable ni que me guste hacer. Sin embargo, tenía que hacerlo si quería poder dormir bien en la noche.

Así que reuní toda la valentía posible, abrí la puerta de la habitación y fui prendiendo todas las luces que había en el camino hasta el primer piso, como el ritual que siempre tenía al tener que bajar a altas horas de la noche. Llegué al primer piso sin problemas, me serví un vaso con agua y empecé el nuevo ritual de devolverme a mi cuarto apagando todas las luces.

Primero apagué la luz del primer piso, fui subiendo lentamente, mirando hacia todos los lados, sintiéndome un poco intranquila y con miedo. A pesar de las luces prendidas, en los rincones donde no llegaba la luz se podían ver sombras bailando al ritmo de la luz reflejada, cosa que siempre me ha inquietado. Llegue al segundo piso y lo primero que note fue que la luz del tercer piso estaba apagada siendo que yo la había prendido justo antes de bajar las escaleras.

Mi corazón latía muy fuerte y el ambiente a mi alrededor se tornó un poco tenso. No tenía otra opción que subir rápido a mi habitación. Así que bajé la mirada buscando el interruptor de la luz, cuando por el rabillo del ojo pude sentir y ver que había algo o alguien justo delante mío. Con el impulso anterior alcance a apagar la luz y toda la escalera quedo oscura. Solo se podía ver la luz que provenía de la calle y que se veía reflejada en las ventanas de la sala. Con ese poquito de luz pude distinguir una figura pequeña, sentada en el primer escalón de las escaleras de madera. Podía ver que se trataba de un niño por su forma y estatura.

Este niño podría tener unos 4 años. Estaba sentado al inicio de las escaleras, justo en el borde, entre la puerta de la habitación de mis papas y el primer escalón. Tenía ropa antigua, con un pantalón corto negro y una camisa manga larga muy elegante. El niño no me veía, se encontraba jugando muy concentrado con una canica que empujaba con sus pequeños dedos hacia adelante y hacia atrás. Hacia adelante y hacia atrás…

 Muy concentrado en lo que hacía, el cabello negro le caía sobre su pequeña cara y no se le veían los ojos. Era como si se tratara de una fotografía de blanco y negro, aquellas de antaño y no se veía ningún color vivo.

Me quede paralizada por el terror mientras veía la pequeña figura al frente mío. No podía moverme, mi corazón latía muy fuerte y mi mente estaba en blanco. Una fuerte sensación de tristeza y nostalgia me invadió mientras lo veía. Se veía tan solo y desamparado que el miedo poco a poco fue tomando un segundo plano. Ese momento paso y la única reacción que tuve fue cerrar los ojos fuertemente pensando que al cerrarlos todo iba a estar bien. Pasaron unos segundos y yo todavía tenía los ojos cerrados. Con una gota de valentía volví a abrir lentamente mis ojos dándome cuenta que el niño que estaba en la escalera ya no se encontraba ahí.

Respire profundo tratando de tranquilizarme, mi cuerpo no me respondía y no podía caminar del terror que me embargaba. Con toda la fuerza de voluntad que pude recoger en mí, salí corriendo por las escaleras pasando justo donde antes se encontraba el niño y llegué a mi habitación rápidamente a encerrarme dentro.

Nunca había sentido tanto miedo como aquel día. Toda la noche no pude cerrar mis ojos pensando que el momento que los volviera a abrir iba a ver aquel niño solo y triste que jugaba todas las noches en las escaleras. Siempre me pregunte cual era el objetivo de mostrarse de esa manera y siempre he creído que solo quería jugar conmigo. Aun ahora después de tanto tiempo cada vez que paso por ese lugar puedo recordar la tristeza de aquel niño y a veces en las noches se sigue escuchando el sonido tenue de las canicas bajando por las escaleras.

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