El poder liberador de la comunicación

Yo me pregunto todos los días porque las personas se sienten más cómodas diciendo lo que sienten con personas desconocidas que con las personas más allegadas. ¿Por qué huimos y no somos sinceros con nosotros mismos y con las personas que queremos? ¿Por qué nos cuesta tanto?

Todos los días en la consulta atiendo pacientes que asisten por diversas causas médicas y en las que a pesar del tratamiento correcto para lo que refieren no hay ninguna mejoría. Así que últimamente me he tomado a la tarea de preguntarles si todo está bien en casa o tienen problemas familiares, lo sorprendente es que el 80% apenas les hago la pregunta lloran o responden afirmativamente con la cabeza sin poder hablar. El poder de la mente y los sentimientos es algo asombroso y debemos darle la importancia que se merece.

Todos tienen problemas familiares muy diversos, superando rupturas amorosas, viviendo el duelo por la muerte de un ser querido, problemas económicos o los abuelitos que se sienten solos al ver los hijos irse de casa. Y lo que es aún más sorprendente es la incapacidad que tenemos para decir lo que sentimos o pedir ayuda.

A veces me siento más una psicóloga que una médica, porque los pacientes van a contarme sus problemas y sus vidas por encima de cuestiones médicas. No me molesta que lo hagan, pero siempre me ha hecho preguntar y cuestionar lo solos que andamos por la vida. Aparentemente en este mundo de redes sociales y de conexión constante es cuando más acompañados deberíamos sentirnos, pero la triste verdad es que solo mostramos nuestra buena cara y nos tragamos enteros los problemas, lo que pensamos y lo que sentimos. Llega un momento en el que el cuerpo no puede más, colapsa y es ahí cuando llegan esos pacientes recurrentes y re consultantes a preguntar porque sus enfermedades no sanan o no se curan rápido.

Es increíble como al preguntarles, y ¿usted le ha dicho todo lo que me está contando a su hijo, o a un amigo? ¿ha buscado ayuda? ¿le ha contado a alguien? todos responden que no. Yo misma puedo decir que también tiendo a ser una persona reservada y discreta, pero me di cuenta de algo muy importante, el poder liberador de la comunicación. Hablar de lo que sentimos, desahogarnos con alguien y llorar cuando tenemos ganas es la mejor terapia que podemos tener. ¿Por qué tenemos tanto miedo a expresarnos? ¿porque nos preocupa tanto ser vulnerables? ¿porque nos preocupa que la gente nos vea imperfectos?

Es insólito como andamos por la vida buscando la felicidad sin conocernos realmente a nosotros mismos y aún más llevando cargas, rencores y odio de quien sabe cuánto tiempo atrás.  Cuantos problemas no podríamos evitar si fuéramos más sinceros, cuantos malos entendidos evitaríamos si habláramos de lo que sentimos, cuantas relaciones se salvarían si existiera una buena comunicación y cuanto más amor podríamos entregar si todas estas cargas desaparecieran.

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