Una decisión imposible- Parte 1

Últimamente he estado cerca de muchas situaciones de vida o muerte, obviamente, esto hace parte de mi trabajo. Te vuelves muy mecánico en el día a día. Sabes de memoria que hacer en cada caso que te llegue y en compañía de tus compañeros deciden que hacer. Uno reanima, el otro la vía aérea, el otro evalúa pulso, ritmo… las manos sobran cada vez que un paciente llega en paro.

Esa es la primera decisión que tomamos. ¿Vale la pena reanimar o no? Teniendo las indicaciones claras en mente, por lo general la decisión es si hacerlo. Hay unos puntos que influyen más que otros, por ejemplo, la edad y por supuesto a pesar de que las indicaciones son claras nuestros sentimientos siempre influyen de manera importante.

Hace poco me llego un caso de una niña de 1 año de edad que llega sin signos vitales al hospital. Llevaba más o menos media hora sin signos vitales. Los padres desesperados nos piden que hagamos algo. Todo el hospital se conmociona. Llego a reanimación y todos decidimos por la edad de la paciente reanimarla. Al fin y al cabo, ¡es una niña! ¿Quién podría decir que no?

Empezamos todas las maniobras con una desesperanza absoluta. Estábamos seguros que no íbamos a poder salvarla. Me subo encima de la niña, 1 2 3 4… masaje cardíaco sin parar.  Paro un segundo para valorar el pulso. En mi sorpresa se siente fuerte y rápido en mis dedos. Mi emoción es inmensa. Les digo a todos con una emoción y felicidad incontenible, – ¡tiene pulso! -.  En toda la sala la felicidad es notable, todos los médicos, enfermeras, auxiliares con lágrimas en los ojos celebran que hayamos salvado a la niña. Todos dicen, – ¡es un milagro! – Yo estoy emocionada, contenta, siento que todo lo que estudie tiene sentido. Amo mi carrera más que nunca por esto.

Voy con todo el ánimo en una ambulancia para otro hospital más especializado. Me reciben pediatras con caras pesimistas. La llevan inmediatamente a la UCI pediátrica donde la van a estabilizar. Pasa el momento de emoción y felicidad, veo a la madre desconsolada preguntándole a los pediatras cual es el paso a seguir y como se encuentra su bebe. Los pediatras con caras muy negativas y pesimistas dicen que harán todo lo posible pero que es muy probable que tenga secuelas.

Y en mi cabeza ronda una pregunta, ¿Fue la decisión correcta?

Llevaba más de media hora, sin signos vitales. El oxígeno no le llegaba al cerebro durante todo este tiempo. Después de 6 minutos sin oxígeno en el cerebro las posibilidades de tener secuelas son altísimas. No sabemos que daños pueda tener. Lo más probable en estos casos es que quede con secuelas neurológicas y físicas.

Y es ahí cuando empiezo a pensar, ¿De esto se trata salvar vidas?  ¿Una vida es solo tener un latido y una respiración? Estas preguntas me carcomen todos los días de mi vida.  ¿Vale la pena reanimar a un paciente cuando sabemos que quedara con secuelas? ¿Vale la pena salvarlo, darle vida, cuando no será la misma persona de siempre?  ¿Estamos en nuestro derecho en hacerlo? ¿En qué punto pasa a ser daño para el paciente o un beneficio? ¿Realmente le estamos salvando la vida?

Mucho tiempo después, casi un mes después de lo sucedido, llegue a ese hospital con otro traslado diferente. Me encontré con el pediatra que me recibió ese día. Me dijo a modo de broma, – ¿Y ahora que me trajo? – y soltó la risa. Le pregunte acerca de esa paciente, me contó que iba evolucionando muy bien, que tenía un déficit motor moderado, pero con terapia iba a estar mejor. Yo no podía creerlo. En mi mente siempre esa niña estaba muerta, en mi mente no había esperanza de recuperación. Aun así, frente a todas las probabilidades la niña iba a estar bien.

No es el único “milagro” que he tenido en mi corta carrera, tengo muchas historias acerca de pacientes que, con todas las probabilidades en su contra, logran salir adelante y tener una recuperación casi completa.

Son en estos momentos donde se me hace casi imposible no creer en algo superior, no creer que el destino de mis pacientes no solo depende de lo que yo haga, sino que siempre habrá algo que no puedo ver y a veces ni sentir, que decide el destino de todos.

Este trabajo te cambia completamente. Te hace ver la vida de otra manera. Te hace sentirte tan vital y al mismo tiempo tan impotente. Te hace ver el hombre en su sentido más humano, te enseña todo la maldad y el amor en el sentido más puro. Te hace creer y tener fe. Y por supuesto, te hace sentir que no estás solo.

Un comentario en “Una decisión imposible- Parte 1

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s