Día de calcetines locos #Crazysocks4docs

El 1 de junio se celebró en todo el mundo está iniciativa y fue muy apoyada en todas las redes sociales. Para los que no se enteraron o no saben de qué hablo, se trata de un día en el que pedían ponerse calcetines locos en apoyo y como concientización para los médicos y personal de salud que sufren de alguna enfermedad mental.

Sabían ustedes que:

  • ¿20% de los médicos han sido diagnosticados con depresión?
  • ¿1 de cada 4 médicos ha tenido un pensamiento suicida?
  • ¿1 de cada 50 lo ha intentado?

Apenas leí sobre esta iniciativa recordé aquella noticia muy impactante el año pasado sobre una estudiante que se lanzó desde un séptimo piso del HUV (Hospital universitario del Valle) y cayó sobre una médica que se encontraba desayunando en la cafetería. Recuerdo mucho esta noticia porque me estaba en Cali ese día, y acababa de salir de este hospital, fue un hecho que conmocionó todo el gremio médico a nivel nacional.

Para nadie es un secreto que la carrera de medicina tiene implícita un alto grado de dificultad, no solo por la presión del estudio o las largas horas de trabajo sino además por las situaciones a las que en nuestra corta edad nos vemos enfrentados día a día. Situaciones de vida y muerte, vemos todo lo malo que el ser humano puede llegar a hacer, nos sentimos impotentes cuando no podemos ayudar a alguien o cuando a pesar de la ayuda nunca mejora, vemos los últimos días de muchas personas, consolamos a familias enteras, damos las peores y más desagradables noticias. Lo más triste de todo esto es la falta de solidaridad no solo de nuestros pacientes sino también de nuestros mismos colegas, donde el demostrar que uno siente, se emociona, o incluso llora cuando un paciente se muere o sufre, es un signo de debilidad y no está bien visto.

Les voy a contar mi historia.  Cuando estaba en 6 semestre de Medicina el impacto de ver el sufrimiento y el dolor en su sentido más puro fue para mí casi insoportable. Entré en una tristeza absoluta y quise renunciar, para mí la vida no tenía sentido porque a pesar de tener tantos conocimientos, en muchas ocasiones no podíamos “salvar la vida”. Les dije a mis padres que esta carrera no era lo mío, que debía cambiar de rumbo. Me sentía sola y desprotegida. Mis docentes en esa época tampoco ayudaban mucho. Sus métodos de enseñanza a gritos e insultos me hacían hundirme más y más en el hueco oscuro que yo misma estaba cavando.

Busqué ayuda en mis padres y ellos fueron la luz que me sacó de ese hueco. Me apoyaron en todo, me dieron consejos, nunca me forzaron a hacer nada que no quisiera. Me dieron amor y ese amor me curó y ayudó a salir adelante. Empecé a ver las cosas de diferente manera, decidí que si había mucho que hacer por mis pacientes. Que el diagnóstico que tenían no definía lo que eran. Que la Medicina no era la única forma para salvarlos. Empecé a ver la vida de diferente manera, a aceptar lo inevitable y hacer mi trabajo con todo el amor posible.

Cuando esto pasó tuve el coraje de pedir ayuda a mis padres, y es por eso que pude superar esta difícil etapa de mi vida. Sin embargo, no todas las personas lo hacen o reciben la ayuda que necesitan. Esa no ha sido la única vez y estoy segura que no será la última. Y sé que muchos de mis colegas también han pasado por una experiencia parecida.

No todas las personas se preocupan mucho por su salud mental, no todos tienen un sistema de apoyo en el cual apoyarse, no todos tienen la valentía de hablar. Esta problemática para mi radica en la manera como fuimos enseñados y educados en las universidades. Aprendemos de nuestros docentes esta manera de ser y somos víctimas de un sistema de educación que no se preocupa por la salud mental de sus estudiantes.

Ser doctor no nos hace inmune a los problemas mentales, es más, nos hace más vulnerables.

Son estas situaciones ya nombradas un factor de riesgo importante para desarrollar enfermedades mentales como depresión y ansiedad. Estoy segura que si nos preocupamos más y dejamos el estigma hacia la salud mental podemos armarnos de mecanismos que nos ayuden a prevenir y evitar llegar al punto de sufrir de estas enfermedades, e incluso, de prevenir un desenlace fatal.

Así que tú, amigo colega, que estás leyendo esto quiero decirte: ¡No estás solo!  Todos nos sentimos así algún día, todos nos enfrentamos a los mismos problemas, puedes salir adelante, habla, cuenta, di lo que sientes, escribe y por favor, hazlo a tiempo. No esperes que se convierta en un problema para pedir ayuda. Cuídate.

Y si, tú, paciente, tienes algún amigo médico, pregúntale como está, preocúpate por él, hazlo sentir querido, hazle sentir que su trabajo es apreciado y no solo lo busques para contarle tus problemas de salud.

Cuidémonos los unos a los otros, seamos más solidarios, si todos ponemos nuestro granito de arena, estoy segura que vamos a lograrlo juntos.

¡Estamos contigo!

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