DÍA 3 MONTAÑA DE SIETE COLORES

Este día empezó muy temprano a la madrugada, a las 3 am nos esperaba el bus para irnos a nuestra travesía. Casi no dormimos nada, a esa hora el frio era increíble, pero íbamos con todas las ganas para empezar nuestra aventura. Nos recogieron en el hotel a las 3 am, nos perdimos el desayuno del hotel :/ jajaja realmente no nos perdimos de mucho porque como había dicho antes al parecer los peruanos y bolivianos solo comen pan y café al desayuno. Nada de huevitos ni caldo como en Colombia jajaja.

Entonces nos recogieron el hostal donde fuimos los últimos en recoger así que nos tocó separados. Yo dormí la mayor parte del viaje, ya como a las 7 am estaba amaneciendo y nos empezamos a dar cuenta de los hermosos paisajes. Estábamos viajando por una carretera muy estrecha donde hacia un lado había precipicios, cada vez subíamos más y más y los precipicios eran más altos y peligrosos. Hacía mucho frió y yo veía que subíamos mucho, cosa que me pareció rara. Tengo que aclarar algo realmente antes del viaje no investigue mucho sobre la montaña, no sabía a qué altura íbamos a estar y lo difícil de la subida. No tenía ni idea de nada por lo tanto me sorprendí bastante al ver que subíamos tanto.

¡Por fin llegamos al lugar donde iba a empezar la subida, estábamos a 4200 metros sobre el nivel del mar!!! No lo podía creer, en mi mente creí que era una montaña pequeña la cual no había que subir mucho o que al menos subíamos en el carro xD. Muy ilusa yo jajaja. Entonces antes de bajarnos nuestro guía nos advirtió que debíamos abrigarnos mucho porque al bajarnos íbamos a sentir el cambio de temperatura y caminar despacio mientras nos adaptábamos. Yo seguía sin creer que iba a ser tan difícil. Me baje emocionada a empezar la caminata, al poner un pie fuera del carro nos recibió una brisa heladisisisisma que nos congelo por completo. En eso momento me toco ponerme de todo para entrar en calor, mis guantes, bufanda, gorro y chaqueta abrigada. Yo me sentía tan contenta por el paisaje que no me importo el frió.

Lo primero que pude ver al bajarme fue un hermoso nevado hacia la derecha de nosotros. El guía nos contaba que teníamos mucha suerte al verlo porque por lo general está bastante nublado y la visibilidad es casi nula. En esta ocasión no había una sola nube al horizonte, podíamos ver el nevado tan cerca, con sus picos nevados, de una nieva tan blanca que te dolía verlo mucho tiempo. Era hermoso. Esa imagen nunca la quitare de mi cabeza. Debo confesar que tengo una fascinación especial por la nieve. Como sabrán en Colombia nunca hay nieve, solo la puedes encontrar en los picos de las montañas. Y yo personalmente no la conocía, así que estaba muy emocionada por verla tan cerca.

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Pasamos a una casa de madera a tomar el desayuno (adivinen que fue? xD) y recibir las instrucciones del guía. Nos sentamos en una mesa con varios compañeros de travesía, había una pareja de peruanos y unos españoles, todos estábamos muy emocionados por la subida a la montaña. Y fue acá que empecé a pensar que no estaba preparada para esta aventura. Nos indicó que nuestro grupo se llamaba Champions y que debíamos seguir en grupo lo que más pudiéramos. También nos explicó que teníamos que subir una loma bastante empinada y que luego de esto podíamos alquilar caballos para llegar hasta casi la cima. Había lugares donde los caballos no pasaban por lo que teníamos que caminar ciertos sectores, pero luego tomábamos nuevamente los caballos. También nos explicaron que eran 3 horas de subida y 3 horas de bajada.

Al principio pensé que 3 horas caminando no era nada y no iba a necesitar ayuda de los caballos, pero que equivocada estaba. La primera subida fue muy dura, era unas rocas altísimas, casi como si estuviéramos escalando y en ese momento Julián y yo sentimos que íbamos a morir. Tal vez por la altura y nuestro estado físico de una decidimos que debíamos hacer el resto del camino en caballo. Yo le tengo miedo a los caballos, me parece que son muy nerviosos y nada confiables jajaja, así que para mí tomar esa decisión fue bastante difícil, pero con tal de que pudiéramos seguir todo estaba bien. Juliana otra amiga que iba con nosotros si decidió hacer el resto de camino a pie, muy valiente ella. Nosotros tuvimos que pagar 70 soles cada uno por la ida y la vuelta para que nos llevara los caballos, nos pareció muy costoso, pero era eso o no poder subir hasta la montaña.

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La subida en caballo fue otra aventura tenaz, íbamos con un guía que se encargaba de llevar al caballo y mostrarle el camino más fácil. Mi guía se llamaba Yuli, y era muy joven, hablaba un poco de español, pero la mayor parte del tiempo hablaba Quechua. A mí me tocó el caballo más joven y después me entere que era la primera vez que hacia el recorrido, cosa que me puso más nerviosa. La mayor parte del tiempo había que caminar por lo plano, podías aprovechar para tomar fotos y contemplar el paisaje tan hermoso de alrededor. Sin embargo, había unos tramos sobre rocas y con precipicios hace un lado que yo realmente casi me muero al pasar por ellos, también había tramos que había que subir a pie, que eran los lugares más inclinados y por los cuales el caballo con carga no podía pasar.

Estos pequeños tramos fueron muy duros para mí, la altura me empezó a afectar mucho y sentía como poco a poco mis pulmones se llenaban de agua. Tenía que parar mucho para coger el aliento, mis manos y pies se hincharon mucho. Nunca me había pasado algo así, creo que fue la rapidez con la cual empecé a subir la montaña.

Les voy a tratar de describir los paisajes tan hermosos que habían. Era un camino entre 2 montañas, hacia el lado izquierdo una montaña baja con pastos bajos, con flores de todos los colores y verde por donde veías. A medida que ibas subiendo las montañas se volvían más grandes y lejanas, se empezaban a separar de la montaña en la cual nosotros estábamos subiendo. Hacia el lado derecho estaban los picos de las montañas de Aunsagate, en donde podías ver nieve tan blanca que te hacía daño verla durante tanto tiempo, había muchos picos visibles y otros que no se podían ver por la altura que tenían y que las nubes tapaban. Todo el tiempo el paisaje cambiaba, por un lado, mucho verde y por el otro el blanco de la nieve. Son paisajes hermosísimos, y a pesar de todo lo que estaba viviendo me sentí todo el rato muy afortunada de poder estar viviendo este momento y viendo la majestuosidad y hermosura de la naturaleza.

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Después de 3 horas que para mí fueron eternas llegamos al final del camino, el caballo nos dejaba en la base de la montaña y una vez más nosotros teníamos que subirla a pie. Era la montaña más inclinada de todas, yo ya venía sintiéndome mal y estuve a punto de decir que no podía mas. Mi cuerpo me pedía a gritos que bajara la altura, pero mi mente me pedía que no me rindiera y siguiera adelante.

Les dije a mis compañeros de viaje que no podía mas, físicamente sentía que en cualquier momento me iba a desmayar y no iba a poder continuar. Juli y Julián también estaban muy agotados, pero ellos se encargaron de motivarme y darme la fuerza suficiente para subir el último tramo que faltaba de nuestra travesía.

Durante el desayuno 3 horas antes el guía nos entregó a cada uno unas hojas de coca que ayudaban según el a acoplarnos mejor a la altura, yo no le puse mucho cuidado y dejé mis hojas en la mesa del desayuno. Afortunadamente Julián guardo unas cuantas hojitas y empezamos a masticarlas para poder subir el otro tramo. Es increíble el efecto de estas hojas, el sabor es muy amargo, pero inmediatamente pude respirar mejor, se me quito el cansancio y continúe muy emocionada el final de nuestro viaje. Debo decir que el efecto dura muy poco, como 10 minutos, así que nos las pasamos masticando hojas de coca hasta llegar a la cima de la montaña.

Una anécdota curiosa que pudimos ver mientras subíamos. Nosotros no éramos los únicos que estamos mal para subir, había gente con tanques de oxígeno tratando de recuperarse, y había un grupo de coreanos que estaban haciendo una cosa muy extraña para sentirse bien. El guía les entrego una botella con agua de 1 litro, en donde estaban sumergidas varias hojas de coca, así que el color era verde. El cogió la botella se la puso en la nariz y aspiro el agua por la nariz, él les decía que era muy bueno para que pudieran subir a la montaña, porque todo el grupo ya se había negado a seguir subiendo. Me pareció muy extraño esta práctica, pero al parecer les funciono.

Volviendo al tema, así que dábamos unos cuantos pasos y teníamos que descansar, junto con las hojas de coca pudimos llegar a la cima. Mi cabeza no hacía sino pensar en mi familia en Colombia, cuanto los amaba, en mis retos, sueños y todas las cosas que quería lograr. Mi corazón, mi cabeza y mi alma me decían que, si podía subir esta montaña tan dura, podía hacer cualquier cosa que me propusiera. Así que para mí fue una enseñanza de vida y un momento transcendental. No se alcanzan a imaginar la emoción que nos dio al poder llegar, nos abrazamos, a mí se me salieron lágrimas de la emoción y me sentí tan pero tan orgullosa de mi misma.  El paisaje era increíble, hacia el lado izquierdo de la montaña estaba recubierta totalmente de nieve y para mí fue la mejor experiencia de todas. No conocía la nieve, no sabía cómo era, así que corrí a tocarla, a jugar con ella a sentirla. Hacia el lado derecho se podía ver la montaña de 7 colores, obviamente por la nieve no se podía observar en todo su esplendor los colores, pero para mí fue más especial que estuviera con nieve.

En total fueron 5200 metros sobre el nivel del mar, y lo más alto que yo había llegado jamás era Bogotá con 2.625 metros, así que se podrán imaginar lo difícil que fue para mí. En la cima me seguía sintiendo mal físicamente, tosía mucho y me faltaba el aire, así que nos tomamos las fotos, descansé un poco en la cima y volví a bajar, porque realmente sentía que le estaba pidiendo mucho a mi cuerpo. Con el alma y el corazón contento nos bajamos de la montaña, pensando que la vida es algo increíble para aquellos quienes se atreven a dar el primer paso.

La bajada fue muy relajada, ya no se exigía mucho de nosotros, empezó a nevar, cosa que me encanto, a pesar del frió y de la mojada, ame toda la experiencia. Esta fue la mejor experiencia de mi vida, no solo por los paisajes y la majestuosidad de la naturaleza, sino por lo más importante me recordó lo grande que soy y somos todos, lo mucho que podemos lograr si confiamos en nosotros mismos y luchamos por superar nuestros límites.

Así que esta es la enseñanza: “Si fui capaz de llegar hasta ahí, puedo llegar donde sea” 😀

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